Capítulo 6

        Eric estaba repasando los informes de las últimas pruebas, cada vez estaban consiguiendo mejores resultados. Pronto podrían pasar a la siguiente fase de las pruebas. Eso era algo que asustaba a Eric.

        En ese momento entró Rachel, su secretaría. Tenía órdenes estrictas de no entrar en su despacho. Era una mala señal.

—Doctor Geisler —murmuró alterada—. Me ha dicho Raffi, de recepción, que acaban de llegar unos vehículos negros del Ministerio.

        Rachel dejó la frase sin acabar, mirando asustada al Eric. Acababa de darse cuenta que había interrumpido en el despacho de su jefe, algo que tenía prohibido.

—Perdón por interrumpirlo así, doctor Geisler.

—No pasa nada, Rachel. Gracias.

        Rachel salió de su despacho. Eric cogió el teléfono y llamó a Gunter.

—Gunter, soy Eric, me acaban de decir que han llegado varios vehículos de Ministerio.

—Hola Eric, las noticias vuelan. Justo acabo de enterarme.

—¿Quién crees que viene a vernos?

—No lo sé. Pero seguro que no son buenas noticias.

—Gracias. Adiós.

        Colgó el teléfono y se reclinó en su asiento, esperando la llegada de la visita.

        No tardaron en llamar a su puerta. Dos capitanes del ejercito entraron sin esperar su permiso.

—Doctor Geisler —empezó el más joven—. En pocos minutos llegarán los ministros de Seguridad y de Ciencia y Tecnología. Quieren que los ponga al corriente de los últimos avances en el proyecto Astro.

        Eric se levantó y se ajustó el nudo de la corbata, descolgó la bata blanca que tenía colgada en el respaldo de su silla y se la abrochó. Los científicos, visten con bata blanca. Eso siempre queda bien.

—De acuerdo —dijo al fin.

—Acompáñenos. Nos están esperando en la sala de control.

        Sin esperar su respuesta, salieron del despacho. Cruzaron delante de Rachel, que estaba cabizbaja, sin atreverse a mirar a los visitantes y fueron hacía la sala de control del proyecto, atravesando el edificio de punta a punta. Le sorprendió que los militares no dudaran en ningún momento sobre el camino que debían tomar.

        En la sala de control solía haber siempre un grupo de técnicos monitorizando todos los parámetros e indicadores de las instalaciones. La cifra se triplicaba en las fases previas a los lanzamientos. En aquel momento estaba vacía, solo estaba el personal de seguridad que acompañaba a los ministros.

—Lo están esperando en el despacho del jefe de misión.

        Un sargento estaba aguantando la puerta del despacho, invitándole a entrar.

        Eric entró y reconoció a los dos hombres sentados delante de la mesa del director del proyecto, su mesa.

—Doctor Geisler, lo estábamos esperando —dijo el más joven—. Ocupe su sitio, por favor.

        Se sentó en la silla que le indicaban y espero que tomarán la palabra. No sabía que esperar de aquella visita, podía significar cualquier cosa.

—Se preguntará que hacemos aquí, en estas instalaciones —empezó el más joven—. Yo no había tenido oportunidad de visitarlas, todavía. Impresionantes. Superan las bases de lanzamiento de cohetes lunares que tenemos en el sur de Italia. ¿A tenido ocasión de visitarlas? Se lo recomiendo, son instalaciones espectaculares, con la mejor tecnología alemana que pueda imaginar.

        Reconoció a Frederik Muller, ministro de Seguridad. Era de su misma edad y había alcanzado el cargo demostrando una ambición política sin medida. Los rumores sobre su frialdad al firmar sentencias de muerte y ordenar la eliminación de sus enemigos políticos lo hacían estremecer. Ahora lo tenía delante y aparentaba una jovialidad y una cercanía que hacían temblar a Eric. Era el favorito para suceder al canciller cuando este decidiera retirarse.

        El ministro de Ciencia y Tecnología no había dicho nada. Existían jerarquías entre los propios ministerios, y el de Ciencia y Tecnología se consideraba un ministerio de segundo nivel. Además, su ministro, Karl Peters, sabía que no tenía el favor del canciller, y que cualquier error podía acabar con su cómoda posición. Eric sabía que los fracasos de los prototipos habían sido un lastre en la frágil carrera del ministro.

—Estoy a su disposición para cualquier pregunta que tengan sobre las instalaciones y el proyecto— sonrió Eric.

—En realidad, Eric, queremos hablar sobre el proyecto Astro —Karl Peters había tomado la palabra—. ¿Cuándo está previsto el próximo lanzamiento?

—Dentro de un mes— Eric señaló la pizarra electrónica de la cuenta atrás.

—¿Cuantos viajes se han hecho?

—Seis. Aún estamos en la fase de calibrar los viajes. Aun no podemos ajustar con exactitud el desplazamiento temporal de la sonda.

—¿Cuantos han tenido éxito?

—Dos

—¿A qué distancia han llegado?

—Según las muestras radiológicas del suelo, entre dieciséis mil cuatrocientos y veinte mil trescientos años.

—¿Cree que es posible que los viajes sean más cercanos a nosotros?

—¿Qué quiere decir? —Eric fingió sorpresa, aunque esperaba esa pregunta.

—¿Es posible enviar la sonda solo unos pocos cientos de años atrás, o incluso menos?

—Con la calibración adecuada de los instrumentos, creemos que si —respondió con prudencia— En teoría.

—¿Cuando tienen previsto pasar a la siguiente fase del proyecto?

        La pregunta sorprendió a Eric. Hasta ese momento todos los esfuerzos se habían centrado en conseguir el retorno de la sonda. Ahora que lo habían conseguido trataban de calibrar los instrumentos para enviar la sonda a la época escogida, no se habían planteado pasar todavía a la siguiente fase del proyecto. Eric tenía varias ideas que quería comentar con su equipo, pero todavía no habían planeado nada concreto.

—Tenemos varias ideas en mente, que hemos de acabar de definir. Podemos presentar un informe con los siguientes objetivos del proyecto Astro la semana que viene.

        El ministro Muller se levantó de la mesa, impaciente, interrumpiendo a Eric.

—No lo entiende, doctor Geisler. Nuestros científicos me han explicado que es posible colocar un viajero en la sonda, para que viaje al pasado.

        Eric miró al ministro sorprendido.

—¿Quieren enviar un observador al pasado? —preguntó.

—Claro, para tener información de primera mano.

—Estaba previsto empezar a enviar sondas con drones autónomos de observación. Esa es la siguiente fase del proyecto.

—Creo que podemos saltarnos esta fase de pruebas, y empezar con los seres vivos.

—Entiendo.

—Espero un informe de misión con un tripulante humano antes de seis semanas. Tengo prisa por ver los resultados de este proyecto.

        Los dos ministros dieron por finalizada la reunión, dejando a Eric preocupado por las consecuencias que podrían generar la petición del ministro.

Deja un comentario