Cuando vio el vehículo acercarse por la carretera, el teniente Muller supo que iba a tener problemas. Su instinto, forjado durante años en el ejército, le señaló aquel vehículo como fuente de futuros problemas. El personal autorizado ya había accedido a la zona interior, y no estaba prevista la entrada de nadie más. Las sorpresas solían traer problemas. Los murmullos que escuchó entre sus soldados en el puesto de control le confirmaron que pensaban igual que él.
Desde que habían descubierto el intento de infiltración de un agente extranjero se habían multiplicado las medidas de seguridad. De momento no lo habían encontrado, a pesar de que se había registrado todo el bosque y los pueblos de alrededor de la base. Muller creía que ya había huido a su país, cualquiera que fuera. O que se había caído en alguno de los barrancos y los animales del bosque habían dado buena cuenta del cuerpo. Esperaba que fuera esto último lo que le había ocurrido.
El puesto de guardia que tenía a su cargo había doblado el personal a raíz del incidente, y lo habían puesto a él al mando, en lugar del sargento que solía tener asignada aquella área. Él y sus hombres eran responsables de ocho kilómetros del vallado interior alrededor de la zona de lanzamiento, tenía a su cargo veinte hombres, quince de ellos repartidos por el perímetro asignado.
El vehículo redujo la velocidad hasta detenerse delante del soldado que se había colocado en mitad de la carretera. En su interior viajaban cuatro personas, dos operarios de mantenimiento, con sus uniformes arrugados y dos personas con las batas blancas del personal de control.
Reconoció de inmediato al doctor Eric Gaesler y su ayudante Gunter Hassel.
—Buenos días, doctor Gaesler —saludó—. No nos habían informado de su visita. Los accesos a la zona de lanzamiento están cerrados al personal no autorizado.
—Buenos días, teniente —respondió Gunter—, lo sabemos, pero tenemos que comprobar unos datos de un sensor que nos está dando problemas.
El teniente Muller dudó, no sabía que debía hacer. Pudo ver de reojo a sus soldados sonriendo.
—Teniente —continuó Gunter, marcando cada silaba del rango— ¿está insinuando que el doctor Gaesler no es personal autorizado?
Muller miró a Eric, mientras este levantaba la vista de su consola y le dedicaba una mirada furtiva.
—No señor, solo que no estaba prevista su visita en el día de hoy.
—Tampoco estaba previsto que el sensor de presión secundaria del tanque número cuatro diera lecturas erróneas —insistió Gunter, con cierto tono de irritación.
Muller tomó la alternativa fácil e hizo una seña al soldado que controlaba la barrera para que la levantara y pudiera pasar el vehículo. Indicó al soldado que apuntara la hora y la matricula en el libro de control.
—¿Hay más controles hasta la sonda? —preguntó John en el interior del coche.
—No debería —respondió Gunter—, han reforzado los controles desde tu intento de espionaje.
—¿Qué opinas?
—No creo que tome la iniciativa de informar de nuestra visita, pero pronto se nos echará en falta y empezarán a buscarnos, cuando llegue la noticia dirá que nos ha visto acceder a la zona y se encenderán todas las alarmas.
—¿Cuánto tiempo calculas que tenemos?
—Una hora, como máximo, antes de que empiecen los problemas.
Recorrieron el resto del camino hasta la base de la gran pirámide tubular sobre la cual estaba la sonda preparada.
—Es más grande de lo que imaginaba. No parecía tan grande en las fotos del satélite.
—Dentro de unos años, conseguirán reducir el tamaño de toda esta estructura y ocupará menos de la mitad de todo este volumen.
—No deberías avanzar acontecimientos, Harry —murmuró Gunter—. No es bueno conocer datos de nuestro futuro.
Harry aparcó el coche en una zona designada para ello, junto a otros vehículos, dos de ellos eran transportes militares. John miró a Harry levantando una ceja, este se encogió de hombro y entraron los cuatro en un ascensor que los condujo hasta una plataforma tres niveles por debajo de la sonda.
—¿Cuánto personal hay trabajando ahora en la zona de lanzamiento?
—No más de una docena, entre militares y técnicos. Ya está todo el trabajo previo al lanzamiento hecho, solo se están haciendo controles rutinarios —explicó Harry.
—Por favor —suplicó Eric en el ascensor—, no podéis hacer esto, es una locura. No puede salir bien. No sabemos qué clase de consecuencias puede ocasionar tratar de cambiar el pasado. Todavía estamos a tiempo de informar a las autoridades y tratar de minimizar las consecuencias de lo que ocurrió en tu futuro Harry.
—La decisión está tomada.
——————
—Doctor Gaesler —Harry interrumpió el silencio en el ascensor—¿Participó su familia en la Segunda Gran Guerra?
Eric miró extrañado a John por la pregunta.
—Sí, claro.
—¿Que hicieron? ¿Eran también científicos como usted? —insistió Harry.
—No —Eric dudó unos segundos antes de responder—. Uno de ellos fue teniente en el estado mayor del general Heinz Guderian, participó en la toma de Moscú y luego fue destinado al gobierno provisional que dirigió la Rusia ocupada durante cuatro años. Cuando el ejército se retiró y cedió el gobierno al nuevo parlamento local, fue trasladado tres años a Inglaterra, hasta que se retiró como a causa de las heridas que sufrió en un atentado de la resistencia inglesa. ¿Porque le interesa mi familia?
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, dos soldados se sorprendieron al ver aparecer cuatro personas que no esperaban.
—Buenos días, señor director —dijo el de más graduación de ellos—, no esperábamos su visita hoy.
—Buenos días, sargento —fue la seca respuesta de Gunter.
—Su visita no estaba programada ¿esperamos más visitas no programadas?
—Tenemos que revisar unos datos de la sonda. El doctor Gaesler quería hacerlo en persona —explicó Harry.
Los soldados se movieron incómodos, los visitantes inesperados no les gustaban y no sabían cómo actuar debido al cargo de dos de ellos.
—Nos iremos en poco tiempo —añadió Harry, guiñando un ojo al sargento.
El sargento se apartó, dejando pasar al grupo.
—¿Cuánto tiempo nos llevará preparar la sonda? —preguntó John.
—Hay que introducir los datos del tiempo de destino, cuando empecemos a manipular la sonda se empezarán a encender luces de alarma en la sala de control, por lo que primero debemos desconectar el control remoto, para que no puedan ver lo que estamos haciendo e impedirlo. Si no surgen complicaciones, mínimo una hora de trabajo.
—¿Cómo puedo ayudar?
Habían llegado junto a una pequeña sala de control donde había un operador tecleando datos en una terminal.
—Gunter y yo nos encargaremos de todo. Tu deberás encargarte de que Eric no nos cause problemas. Y evitar que nos interrumpan —añadió señalando al técnico que estaba en el interior de la sala.
El técnico se sobresaltó al ver entrar a Eric y sus tres acompañantes. Intentó decir algo, pero fue interrumpido por Harry.
—Tranquilo, sigue con tu trabajo, nosotros nos iremos enseguida.
—Doctor Geisler, si puedo ayudar, solo tienen que decírmelo.
—Gracias —añadió Gunter.
John cogió a Eric por el codo y lo condujo a un extremo de la sala, fuera de vista del técnico.
—No haga estupideces, hasta ahora no he recurrido a la fuerza, pero no dude que, si tengo que hacerlo, lo haré —John se abrió un poco la chaqueta para que Eric pudiera ver la pistola que llevaba en la cintura.
Eric palideció e intentó decir algo, pero lo interrumpió Harry.
—En cuanto retroceda con la sonda, podrá contar todo a las autoridades. Diga que amenazamos con matar a su familia.
Harry encargó al técnico algunas tareas secundarias de la preparación de la sonda. Mientras John estaba en un rincón junto a Eric observando el exterior de los accesos a la plataforma. Llevaban quince minutos y todavía no había sonado ninguna alarma, quedaban otros treinta, según Gunter.
El técnico empezó a sospechar de las tareas que le estaba encargando Harry y empezó a cuestionarlas, ya que estaban desconectando sistemas de comunicación vitales de la sonda. Cuando iba a preguntar a Eric para que confirmara las tareas sonó el teléfono. Todos quedaron paralizados mirando la terminal que estaba sonando.
—¿No van a cogerlo? —preguntó Eric.
John se adelantó e impidió que el técnico respondiera, indicando a Harry y Gunter que lo hicieran ellos. Esa actitud extrañó al técnico, que empezó a sospechar que algo no estaba bien.
—Señor director —preguntó—¿Que está ocurriendo? ¿porque estamos desconectando la sonda del control principal?
John empuñó la pistola y señaló a Eric.
—Colócate junto a él. No hagan ninguna tontería.
Harry respondió al teléfono y mantuvo una breve conversación.
—He conseguido unos minutos, pero pronto tendremos compañía —anunció.
John arrancó el teléfono y usó el cable para maniatar al asustado técnico y ordenó a Eric que se sentara en el suelo.
Las puertas del ascensor se abrieron, y los dos soldados que les habían interrogado al acceder a ese nivel salieron, dirigiéndose hacia la sala donde estaban. John observó que llevaban las armas al hombro, en una actitud confiada.
—¿Deténgalos, son saboteadores! —gritó Eric cuando entraron en la sala.
La sorpresa al ver a Eric junto a un inmovilizado técnico en el suelo fue la ventaja que necesitaba John, que se había colocado detrás de ellos.
—No lo intentéis —dijo, apuntando a la cabeza alternativamente a la cabeza de los dos soldados.
Durante unos segundos nadie se movió. El soldado más joven miró de reojo a su compañero de más edad y asintió levemente. Su compañero intentó retroceder un paso y atacar a John. Dos disparos sonaron en rápida sucesión y los soldados cayeron al suelo.
—Os dije que no lo hicierais —se lamentó John.
John movió los cadáveres hacia un rincón y registró los cuerpos, recogiendo las armas y municiones. También cogió la radio.
—¿Cuánto os queda? —preguntó
—Quince o veinte minutos.
—Si no informan en breve, sospecharán y mandarán refuerzos. No creo que haya más soldados en la instalación, solo había un transporte militar en el aparcamiento.
En el puesto de control, el teniente Muller esperaba el informe de los soldados destinados en la pirámide de lanzamiento. Hacía diez minutos le habían pedido por radio desde la sala de control principal noticias sobre el paradero del director Gaesler. Él informó del paso del director y su ayudante Gunter junto a dos técnicos media hora antes. Le ordenaron mandar a alguien junto al director y averiguar que estaba ocurriendo. Todo el mundo empezaba a estar muy nervioso.
Tras llamar varias veces a los soldados y no obtener ninguna respuesta, ordenó regresar a todos los soldados de los puestos de guardia e ir a investigar que estaba ocurriendo en la plataforma de lanzamiento.
John observaba como cuatro vehículos militares se dirigían hacia donde estaban ellos. Pensó que el teniente no quería sorpresas y traía a todos sus hombres con él. Salió de la sala se dirigió al ascensor de acceso, saboteándolo para darles algo más de tiempo. Ahora tendrían que subir a pie el equivalente a seis pisos.
—¿Cuantos accesos hay a este nivel? —preguntó.
—Dos ascensores —explicó Harry—, uno es el que hemos usado nosotros, el otro está al otro extremo del pasillo. Y las escaleras junto cada ascensor.
John salió corriendo a sabotear el otro ascensor más alejado de su posición. También intentó bloquear las puertas de acceso desde las escaleras.
Harry se reunió junto a él en una pasarela desde la que observaban como el teniente Muller desplegaba sus hombres, envió cuatro grupos a los cuatro accesos a los niveles superiores de la gran pirámide tubular.
—Sabe lo que hace —murmuró John a Harry.
—Pero nosotros tenemos dos ventajas. Solo necesitamos media hora de tiempo, y podemos ganar ese tiempo hablando con ellos y diciendo que tenemos a Eric y Gunter como rehenes.
John maldijo en silencio, esa estratagema debería habérsele ocurrido a él. Aceptó la radio que le entregaba Harry.
—Úsala para hablar con él y ganar el tiempo que necesitamos
Desde la pasarela John observó a los militares y vio como el teniente le estaba mirando fijamente, estaba hablando por su propia radio haciéndole señas para que también lo hiciera él.
John encendió la radio.
—Adelante, le escucho.
—Al habla el teniente Muller ¿están con usted los soldados de guardia en la torre de lanzamiento? ¿Y el doctor Gaesler?
—Los doctores Gaesler y Hassel son mis rehenes. Detenga el avance de sus hombres si no quiere que resulten lastimados —John alzó una mano sosteniendo uno de los fusiles de los soldados.
El teniente Muller bajo su radio y lo miro unos segundos desde el aparcamiento. Dijo algo a un sargento que tenía a su lado y este salió corriendo gritando órdenes. Pocos segundos después los soldados se detuvieron en su avance. El sargento volvió a los todoterrenos en los que habían llegado y entró en uno de ellos, del que salía una gran antena. Ahora ya sabían todos lo que estaba ocurriendo.
—¿Y mis soldados?
—Muertos —fue la breve respuesta de John—. Lucharon hasta el último momento.
—¿Cuáles son sus demandas? —preguntó Muller.
—Cuando llegue alguien con poder para poder atender mis demandas, volveremos a hablar.
John cortó la comunicación y volvió al interior de la sala de control. Desde su posición veían los últimos tramos de las escaleras de acceso, por lo que, si intentaban algún asalto, verían llegar a los soldados.
Pocos minutos después, escucharon los motores de varios helicópteros. Dos de ellos permanecieron en el aire, orbitando alrededor de la pirámide, el tercero aterrizó y de descendieron varias personas con traje.
—¿Quiénes son? —preguntó John a Harry.
—El coronel al cargo de la seguridad de la base y varios cargos políticos, ninguno con poder real para decidir qué hacer en un caso como este.
—Esto ya casi está. Un par de ajustes y todo estará a punto —anunció Gunter.
—La sonda ya está programada para saltar a la fecha indicada, solo queda activar la cuenta atrás y entrar en su interior. La cuenta atrás hay que activarla desde aquí. En el momento que la activemos, tendremos tres minutos para acceder a la sonda y confirmar el lanzamiento desde el interior. Uno de nosotros debe quedarse aquí para activarla, no tendrá tiempo de llegar hasta la sonda.
—¿Quién va a viajar al pasado, Gunter? —preguntó Eric—. Piensa en tu hija, le vas a destrozar la vida.
Gunter enrojeció y miró a Eric fijamente durante unos interminables segundos antes de responder.
—Mi hija —murmuró, arrastrando las silabas—. Mi hija murió hace un mes. Hago todo esto por ella. Por ella y por Helena.
John miró asombrado a Harry esperando una explicación.
—No lo sabía —murmuro un pálido Eric.
—Helena era su mujer —dijo Harry en voz baja a John.
—Sí, Helena era mi mujer, aunque no llegamos a casarnos. Su familia era de origen ruso, por eso recibió un tratamiento de segunda en el hospital. No le descubrieron el cáncer hasta que ya fue tarde y no pudimos hacer nada.
Eric intentó decir algo, pero Gunter no se lo permitió.
—No quiso casarse conmigo para no perjudicar mi carrera como científico. Cuando nació nuestra hija se fue con su madre a las afueras de Berlín y me la ocultó. Solo cuando estaba gravemente enferma me reveló su existencia. A pesar de mi participación en el proyecto Astro y tener los medios del Instituto a mi disposición, no pudimos hacer nada para salvarla. Murió hace tres años.
Cada frase hacía encoger más a Eric.
—El cáncer también se desarrolló en Hanna y también recibió un tratamiento de mala calidad por sus orígenes, cuando me enteré de su condición, ya fue tarde. Murió hace 34 días. Hago esto por ella, Eric.
Harry cogió a su amigo por el brazo para calmarlo y lo condujo a un lado, mientras, John repasó las ataduras de Eric y el técnico que estaba junto a él. Al mirar por la ventana vio que había llegado más transportes de tropas con soldados y estaban tomando posiciones junto a la base de la pirámide
—¿Cómo vamos a hacerlo?
—Uno de nosotros ha de quedarse aquí para iniciar la secuencia de lanzamiento de forma manual. Deberá iniciarla cuando los otros dos suban a la sonda. No está preparada para dos personas, pero creo que funcionará bien, he recalibrado todos los parámetros para transportar hasta doscientos kilos de materia viva —explicó Gunter.
—Yo activaré la secuencia de lanzamiento. Explicadme que tengo que hacer.
—Cuando nos veas entrar en la sonda —Harry señaló una pantalla donde se veía lo que John había confundido con una especie de autobús— haremos una señal y deberás activar la potencia. Para eso debes accionar estos interruptores —Gunter señaló una serie de clavijas debajo de unas luces que parpadeaban en rojo—. Una vez este activada, la secuencia es automática y en tres minutos todo habrá acabado.
John salió a la pasarela a comprobar que hacían los soldados. No le sorprendió comprobar que habían llegado más a reforzar el pequeño destacamento. Han reaccionado rápido, pensó. Comprobó los accesos a la plataforma y vio que habían empezado a subir hasta tres pisos por debajo de su nivel, parecía que se habían detenido allí, a la espera de órdenes.
—Debemos actuar rápido, en cualquier momento intentarán tomar este nivel —dijo John, encendiendo la radio.
Por la radio, una voz que no reconoció solicitaba hablar con la persona responsable de la toma de rehenes.
—Id hacía la sonda, los retrasaré todo lo que pueda.
Harry le tendió la mano, a modo de despedida, entendió perfectamente que su amigo iba a sacrificarse para que pudiera cumplir con su objetivo.
—De todas formas —dijo John, intentando bromear—, mi historia acababa aquí.
Harry ignoró la mano tendida de John y lo abrazó antes de salir de la sala sin poder decir nada por la emoción.
Gunter le estrechó la mano y le golpeó el hombro.
—Gracias, John —murmuró.
John comprobó las armas cuando salieron sus amigos de la sala y habló por la radio.
—¿Con quién estoy hablando?
—Coronel Wilhelm Strauss, al mando de la seguridad de la base y con poder para negociar con usted.
—Quiero que acaben las pruebas que están haciendo en estas instalaciones.
—¿Quién es usted? ¿Porque deberíamos hacerle caso?
—Tengo a los doctores Gaesler y Hassel para que cumplan mis propósitos. Si no obedecen, los ejecutaré.
John vio a través de las pantallas como un oficial, que supuso era el coronel Strauss, daba órdenes a varios soldados y como estos salían corriendo hacía los accesos de la pirámide.
—Gunter y yo somos prescindibles —dijo una voz detrás suya.
John se volvió sobresaltado y vio a Eric intentando incorporarse para poder hablar mejor.
—Gunter y yo somos prescindibles— repitió—, toda la investigación está duplicada en otro centro en la zona de los Alpes. Ahora los soldados atacarán y usted morirá, todos moriremos. Aún está a tiempo de salvarse si detiene toda esta absurda tentativa de cambiar el rumbo de la historia.
John vigiló los monitores una vez más y comprobó qué las palabras de Eric eran ciertas. Los soldados empezaban a avanzar despacio por las escaleras. Comprobó la sonda, Gunter y Harry estaban a punto de alcanzar el nivel de acceso. Solo les quedaba cruzar un par de puertas de control. Hasta ese momento habían permanecido ocultos a la observación desde el exterior. A partir de ese momento estarían expuestos a cualquier acción que emprendieran los guardias o los militares desde alguno de los helicópteros. Encendió los interruptores tras consultar el reloj, los pilotos de control cambiaron al color verde unos segundos después.
John miró a Eric y al técnico maniatados y se despidió de ellos.
—Espero que no acaben heridos. No es mi intención que sufran daños.
Salió de la sala sin esperar la posible respuesta de ninguno de ellos.
—¿Que están haciendo? —gritó por la radio—. Detenga el avance de sus soldados o habrá consecuencias.
—Entregue las armas y libere a los rehenes —fue la escueta respuesta.
Entendió que ya habían tomado la decisión de tomar por la fuerza aquel nivel. Consultó el reloj. Solo debía aguantar cinco minutos.
Disparó una corta ráfaga a los soldados que estaban en las escaleras del nivel inferior, lo que los obligó a retroceder unos metros hasta un tramo de escaleras oculto a la vista de John. Uno de ellos devolvió el fuego sin apuntar, los disparos impactaron lejos de su posición.
Una explosión sonó detrás de él. Otro grupo de soldados había alcanzado aquel nivel y había intentado abrir la puerta de acceso, provocando la explosión de las granadas que había colocado antes. Aquello le daría un par minutos.
Volvió a la sala de control, Eric y el técnico seguían inmóviles en el mismo rincón. Comprobó las pantallas y vio como Harry disparaba mientras intentaba acceder al interior de la sonda.
John cogió la última granada y la colocó en la puerta, de forma que cuando la abrieran, explotara.
—Cúbranse debajo de la mesa —dijo a Eric, que se apresuró a hacer lo que le decían.
Antes de salir aventuró una mirada al pasillo, varios soldados estaban retirando a los compañeros heridos por la explosión. Al verlo empuñaron sus armas. John fue más rápido y les disparó una ráfaga y atravesó la plataforma hacia las escaleras que le conducirían a los niveles superiores. Una ráfaga de disparos impactó sobre él.
Se apresuró a subir dos tramos de escaleras cuando escuchó otra explosión. Habían intentado entrar en la sala de control. Escuchó pasos en las escaleras y disparó varias ráfagas antes de continuar el ascenso.
Cruzó la primera de las puertas que lo separaban de la sonda y la intentó bloquear con la manguera del sistema antincendios. Miró el reloj, solo habían pasado dos minutos. Maldijo en silencio.
Entreabrió la puerta para inspeccionar la zona donde estaba la sonda y vio a Harry y Gunter en el suelo, inmovilizados por tres soldados que los apuntaban con sus armas mientras hablaban por la radio.
John actuó rápido. Abrió la puerta y disparó una ráfaga, barriendo a los soldados. Harry se levantó e ignorando a John comprobó el estado de Gunter, que tenía manchas de sangre en su ropa.
—A tu derecha, John —le avisó Harry.
John giró al mismo tiempo que se agachaba y disparaba el fusil, notó el silbido de las balas sobre su cabeza y vio caer otro soldado.
—¿Cuantos había?
—Cinco, aún queda uno.
Harry ayudaba a Gunter a levantarse.
—¿Que ha pasado?
—Nos estaban esperando, han herido a Gunter, no es grave.
—Estoy bien —Gunter gruñó mientras se esforzaba por subir los pocos peldaños que lo separaban de la sonda.
—He activado la energía antes de venir. Debéis partir ya.
Harry acomodó a Gunter en la zona prevista para la carga. Se volvió para cerrar la puerta cuanto su rostro se sacudió con un espasmo y su pecho empezó a llenarse de sangre.
John notó un empujón en el hombro izquierdo, se volvió para responder a la agresión y vio que los soldados habían logrado atravesar la última puerta. Solo podían salir en fila y el primero había disparado a John. Varios de ellos cruzaron y se protegieron detrás de un contenedor metálico.
Intentó levantar el arma con las dos manos, pero el brazo izquierdo no le respondía, con solo una mano disparó el fusil, derribando a un sorprendido soldado en la puerta. Siguió disparando, derribando a tres más, obstaculizando el acceso a la zona de lanzamiento. Se agachó detrás de unos paneles eléctricos y siguió disparando.
Mientras, Harry había conseguido cerrar la puerta de la sonda y manipulaba los controles para iniciar la secuencia de lanzamiento. Varias luces intermitentes y una sirena empezaron a avisar del inicio de la prueba, notó que se le erizaba el vello de los brazos por la electricidad estática.
La sonda empezó a elevarse lentamente, varios soldados intentaron flanquearle, pero los derribó con una ráfaga. Escuchó pasos apresurados al otro lado del puente, dedujo que estaban entrando por otra puerta.
Quedaba menos de un minuto para que la sonda saltara atrás en el tiempo, no acaba de creer que eso fuera posible, pero haría todo lo posible para que no los detuvieran.
Disparó varias ráfagas en dirección al ruido de pasos y se movió de posición, disparando hasta agotar la munición. Notó varios golpes en la espalda y cayó de bruces, rodó buscando la protección de una barandilla e intentó disparar hacía unos soldados que cruzaban delante de él. Había perdido el fusil.
Las piernas le fallaban, y notaba el sabor de la sangre en la boca. Le faltaba el aliento y notaba un burbujeo en la garganta, síntoma de que se le estaban inundando los pulmones de sangre. Se sentó apoyando la espalda contra la pared y cogiendo la pistola disparó contra cualquier sombra que veía.
Recibió otro disparo en el estómago y ya no tuvo fuerzas para levantar la pistola, miró la sonda, que se había elevado unos diez metros. Le pareció que empezaba a vibrar, de repente desapareció envuelta en una nube de vapor.
—Buena suerte, Harry —murmuró al tiempo que tiraba la pistola al suelo.
Los sorprendidos soldados rodeaban a John, mientras un oficial levantó su pistola y, apuntándole al pecho, disparó dos veces.