Eric acabo de recoger los documentos y guardarlos en sus carpetas. Apagó la consola de su escritorio y se dispuso a salir pronto del trabajo. Aquella tarde su hijo pequeño tenía un importante partido de futbol y le había prometido que toda la familia asistiría para animarlo desde la grada.
Cuando se despedía de Raquel, entró en el despacho Gunter.
—Tengo que hablar contigo. Es muy importante —añadió al ver que Eric se disponía a salir.
—¿Podemos hablar mañana?
—Mejor te acompaño hasta el coche y hablamos por el camino.
Eric suspiró y señaló la puerta con un gesto cansado.
—Es importante, Eric. Muy importante.
Eric se encogió de hombros resignado y salió del despacho acompañado por Gunter.
Tras unos metros en silencio, Eric inició la conversación.
—¿Que ocurre Gunter? ¿Qué es tan importante que no puede esperar hasta mañana? La sonda no será lanzada hasta dentro de quince días.
—No tiene relación con la sonda, al menos de manera directa.
Eric miró a Gunter de reojo, sin detenerse camino del ascensor.
—Eric, ¿Cuánto hace que nos conocemos? ——Algo en el tono de voz de Gunter alarmó a Eric, que se detuvo y lo miró sorprendido.
—¿A qué viene esta pregunta? ¿Qué sucede?
A unos metros se abrió la puerta del ascensor y salieron tres técnicos que los saludaron. Gunter les hizo una seña y entraron. Eric observó a su ayudante en el reflejo de pulido metal del interior del ascensor. Gunter estaba pálido y tenía el ceño fruncido. Permanecieron en silencio hasta que llegaron a la planta baja y salieron al inmenso vestíbulo de edificio. Eric empezaba a impacientarse.
—Gunter, ¿qué es tan importante que no puede esperar a mañana?
Gunter miró a su alrededor antes de responder.
—¿Qué propuesta te hizo el ministro cuando nos visitaron hace unos meses?
La pregunta extrañó a Eric. Ya habían comentado la visita y las peticiones que habían hecho el ministro de Seguridad y el de Ciencia y Tecnología y las veladas amenazas que había recibido para acelerar el programa de pruebas.
—¿Qué crees que ocurrirá cuando los americanos descubran lo que hacemos aquí?
—No entiendo la pregunta, Gunter.
—¿Qué crees que harán cuando sepan que hemos logrado una tecnología que nos permite viajar al pasado y cambiarlo?
—No sabemos si es posible enviar a alguien al pasado —se apresuró a responder Eric——, ni mucho menos sabemos qué tipo de consecuencias pueden ocurrir si se modifica el pasado. Es probable que no seamos conscientes de los cambios…
Gunter interrumpió a Eric alzando una mano. Eric iba a empezar un discurso sobre las paradojas temporales.
—Eric, las paradojas temporales no es algo de lo que debamos preocuparnos. El servicio de inteligencia nos dice que Estados Unidos no creerá jamás que seamos capaces de viajar en el tiempo. Pero cuando los militares y, sobretodo, los políticos se decidan a hacer pequeños cambios empezarán a atar cabos y, tarde o temprano, se darán cuenta de lo que está ocurriendo. Y ¿qué crees que harán entonces?
Eric miró a Gunter con la boca abierta. No se le había ocurrido esa posibilidad.
—Les llevaremos años de ventaja. Tardarán, al menos, una década en alcanzar nuestro nivel.
—¿A dónde quieres llegar, Gunter? —pregunto Eric nervioso. No le estaba gustando la deriva que tomaba la conversación— Ten cuidado con lo que dices, se podría considerar traición.
—Cuando descubran lo que podremos hacer, solo les quedará una solución.
Gunter había cogido Eric del brazo y lo había ido guiando por los jardines del exterior del edificio hasta llegar a la placa que conmemoraba la primera prueba nuclear realizada por Alemania. Gunter señaló el hongo atómico.
—Solo les quedará una respuesta.
Eric miraba asustado a Gunter. No sabía que decir.
—Pero, es solo ciencia —empezó a balbucear—, no tiene fines militares. Solo tratamos de comprender como funciona el universo.
Aquella frase vacía de sentido hizo sonreír a Gunter. Reanudaron en silencio el camino hacía el coche de Eric.
—¿Qué crees que debemos hacer, Eric? ¿Debemos dejar que nos conduzcan hacia una guerra con Estados Unidos?
—Cuidado Gunter, eso podría considerarse traición. Seguro que ya han considerado esa opción y la han tenido en cuenta. Además —añadió—, siempre está la opción de invitar a Estados Unidos a participar del proyecto.
—¿Crees que esa opción es posible?
—Claro, sería la mejor oportunidad para acabar con la tensión entre nuestros países.
—Esa opción no es realista, y lo sabes Eric. No te engañes con un encuentro idílico entre países —dijo con desprecio Gunter.
Eric miraba asustado a Gunter, no sabía cómo reaccionar a las palabras de su amigo. Había algo en la mirada que le decía que estaba llegando a un punto peligroso de la conversación.
—¿Cuál es tu propuesta? ¿Cuál es objetivo de esta conversación? ¿Qué me quieres proponer? —preguntó Eric de forma brusca—, ten en cuenta que todo lo que estamos haciendo aquí está supervisado por el ministerio y si tratamos de sabotearlo lo descubrirán enseguida.
—Debemos detener el proyecto Astro y destruir todo rastro de su existencia.
La contundencia de las palabras de Gunter sorprendió a Eric, que retrocedió un paso al escucharlas.
—Pero eso es imposible —balbuceó—. No tenemos los medios para hacerlo.
Walter, el chofer de Eric, los estaba observando atentamente. La conversación había llegado a un punto muerto. Eric sacudió la cabeza, negando la posibilidad de hacer lo que le pedía Gunter.
—Olvida tus locos proyectos, Gunter, no podemos hacer nada para evitar lo inevitable.
—Piensa en lo que te he dicho, Eric —murmuró Gunter——. Al menos medita sobre mis palabras.
—Lo que voy a hacer, es olvidar esta conversación. Y lo voy a hacer como un favor personal por la amistad que nos une. Hazte un favor y olvida tus locos proyectos.
Gunter observó cómo Eric se dirigía al vehículo y se alejaba. Suspiró y saco un pequeño aparato del bolsillo. Tras consultar la pantalla escribió un sencillo mensaje: “no ha funcionado”
En el vehículo, Eric estaba alterado por la conversación con Gunter. No entendía las motivaciones de su amigo y compañero. Cuando llegaron al partido, se dirigió a Berta y se sentaron en un lugar algo apartado del resto de público del partido.
—Tenemos que hablar, Berta. Antes de coger el coche, he tenido una conversación con Gunter.
Eric contó a Berta la conversación con Gunter y su propuesta de destruir el Proyecto Astro.
—¿Que vas a hacer? —preguntó Berta.
—No lo sé. ¿Debería denunciarlo?
—¿Qué crees que hará si no lo ayudas?
—Lo intentará. Realmente cree en sus palabras.
—Lo cierto es que su argumento es muy acertado. Alemania no compartirá la tecnología con Estados Unidos y ellos valorarán la posibilidad de una guerra como solución a la increíble ventaja tecnológica que tendremos sobre ellos.
—Entonces, tú también opinas como él.
—No lo sé. Es probable que no te lo haya explicado todo. Debe tener algún tipo de ayuda, deben ser unos cuantos que opinan como él.
—Se trata de un complot. ¿Debería comunicar que hay un complot para sabotear el proyecto?
—Eso es inútil, el proyecto esta duplicado en otras instalaciones. No creo que Gunter tenga la capacidad de destruir todo el proyecto.
—¿Crees que tendrá ayuda del espía que dicen que hay infiltrado en el proyecto?
—Es probable, deberías volver a hablar con él y conseguir más información.