Capítulo 1 – Prólogo

10 de agosto de 1932

        Gretl corría por la acera. Cada poco se volvía y apremiaba al doctor para que la alcanzara, él solo podía responder, entre jadeos entrecortados, que ya no tenía edad para ir corriendo por la calle. Había recibido una llamada de su hermana avisándola de lo que iba a hacer. Ahora solo podía correr a su encuentro mientras suplicaba que no fuera demasiado tarde.

        Al llegar al edificio donde compartían apartamento subió las escaleras mientras buscaba las llaves. Al llegar a la puerta la encontró entreabierta y la cruzó sin esperar al doctor que iba unos metros detrás de ella.

        La escena que vio la dejó sin aliento. Su hermana estaba en el suelo, rodeada de un charco de sangre, en su mano aún sostenía la pequeña pistola con la que se había disparado en el pecho.

        Gretl se arrodilló a su lado y trató de detener la hemorragia. La sangre fluía entre sus dedos mientras trataba inútilmente de salvar a su hermana.

        El doctor entró en la habitación y se hizo cargo de la situación. Se arrodilló al lado de la mujer herida y abrió su maletín sacando un paquete de gasas que dio a Gretl.

—Corte la camisa y presione la herida —ordenó mientras dejaba su chaqueta a un lado y se subía las mangas de la camisa para evitar mancharse.

        El doctor empezó a trabajar taponando la herida intentando detener la sangre.

—¿Por qué lo has hecho? —pregunto Gretl, entre sollozos—. Él no merece la pena. Debes olvidarlo.

        Solo recibió como respuesta una serie de gruñidos de dolor por parte de su hermana herida.

—¿Es muy grave, doctor?

        El doctor levantó la vista hacia Gretl y negó con la cabeza levemente, se incorporó y empezó a recoger su instrumental.

—Lo siento, ya no hay nada que podamos hacer.

—¡No puede ser! ¡Sálvela! —Gretl sacudió el cuerpo mientras suplicaba la ayuda del doctor.

        Se abrazó al cuerpo de su hermana y empezó a llorar. No transcurrió mucho tiempo hasta que escucharon pasos en la escalera, alguien estaba subiendo de forma apresurada.

—¿Dónde está Eva? —preguntó la figura desde la puerta.

—¡Tu! Está muerta por tu culpa ¿Cómo te atreves a venir? —Gretl le señaló, acusándolo.

        Al ver el cadáver de Eva, dio unos pasos hacía ella, pero Gretl se lo impidió, colocándose delante de él.

—Ni se te ocurra tocarla, ahora que ya no puedes hacer nada por ella —le amenazó.

—Déjame pasar, Gretl. Tu hermana me llamó hace dos horas diciendo que iba a hacer algo terrible e irremediable si no venía aquí de inmediato. En cuanto he podido, he venido.

—¡Dos horas has tardado en venir! La tenías aquí encerrada, oculta a los demás —le reprochó—. Te avergonzabas de ella, no te atrevías a mostrarte en público con ella. Eso la consumía por dentro. Por eso ha acabado así.

—Eso no es verdad —empezó a defenderse el hombre.

—¡No te atrevas a negarlo!

        Aquella discusión empezó a incomodar al recién llegado, que mostraba evidentes signos de nerviosismo.

—Creo que lo mejor que puedo hacer será irme. Ahora ya no puedo hacer nada aquí.

—Cobarde —murmuró Gretl—. Siempre has preferido esconderte y huir.

        Aquellas palabras encendieron la ira del hombre, que golpeó a Gretl con el dorso de la mano, haciéndole caer sobre el cuerpo de su hermana.

—Por favor, un poco de respeto —protestó el doctor, que asistía atónito a aquella discusión.

        La mano de Gretl cayó sobre la pistola que había usado Eva para suicidarse. Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, la cogió, apuntó al hombre y disparó.

        El disparo sorprendió al hombre. Se miró la mano ensangrentada que se llevó al pecho. Cayó de rodillas y luego de espaldas. Cuando su cabeza tocó el suelo, ya estaba muerto. El doctor no pudo hacer nada para evitarlo.

        Tras el disparo, se escucharon pasos apresurados en la escalera y tres hombres uniformados entraron en el pequeño apartamento. Cuando vieron el cadáver del hombre empezaron a gritar, asustados. Uno de ellos señaló a Gretl.

—¡Insensata! ¡Has matado al próximo Canciller de Alemania! ¡Has matado a Adolf Hitler!

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