Capítulo 14

Dentro de once años:

        Harrison Wells avanzaba agachado por un pasillo detrás de un grupo de seis soldados. Detrás tenía otros cinco soldados. Por el auricular que llevaba en el oído escuchaba los disparos esporádicos de la otra mitad de su unidad. Estaban defendiendo los accesos a las oficinas de las instalaciones donde estaba la sonda que habían venido a estudiar y luego sabotear.

        Habían conseguido llegar hasta el edificio que albergaba la segunda sonda de Alemania. La primera había sido destruida por un sabotaje, Estados Unidos había intentado que Rusia y Japón cargarán las culpas de la acción, pero la formidable represalia de Alemania, destruyendo por completo el equivalente americano del Proyecto Astro había dejado sin opciones a Estados Unidos.

        Por ello, ahora la prioridad de la misión era estudiar la sonda y enviar toda la información posible a Estados Unidos para intentar replicar el programa alemán. Después debían sabotear o destruir la sonda y las instalaciones para neutralizar la ventaja de Alemania.

        El primer soldado del grupo hizo la señal para que se detuvieran. Él y otro compañero avanzaron y a los pocos segundos escuchó el sonido apagado de dos disparos efectuados con silenciador. Volvieron a avanzar, dejando a un lado los cuerpos de dos técnicos vestidos con bata blanco, hasta que llegaron a una gran sala donde estaba la sonda.

        El grupo se dividió, cada uno de ellos sabía cuál era su función. Harry y cuatro soldados más eran miembros de la Unidad Científica Especial, empezaron a conectar los ordenadores portátiles a las consolas de mando y a montar una pequeña antena parabólica para transmitir la información capturada.

—Transmitiendo —anunció uno de ellos.

        El resto de soldados montaron un circulo defensivo, bloqueando las entradas de la gran sala.

—Capitán Beckett, no tendremos mucho tiempo. Deben darse prisa con lo que sea que tienen que hacer —dijo uno de ellos—. Dentro de cuatro minutos empezaremos a colocar explosivos para volar todo esto —añadió.

—Debe conseguirnos más tiempo, coronel —respondió el capitán Beckett—. Apenas hemos rascado la superficie.

        El coronel Baxter estaba al mando de aquella operación. Hasta ese momento todo había salido según lo planeado. Habían conseguido llegar hasta el objetivo previsto sin ninguna baja, aunque aún tenían que enfrentarse a la parte más difícil de aquella operación, el regreso a casa.

—David, mira estos datos —murmuró Harry—. Llevan haciendo saltos tripulados al pasado desde hace más de diez años. Algunos de ellos han sido solo cuatro semanas atrás. Están mucho más avanzados de lo que creíamos.

        Una ráfaga de disparos impactó sobre ellos. Los disparos sorprendieron a los soldados, que se cubrieron tras los parapetos que habían montado y prepararon sus armas.

—¡Beckett! —gritó el coronel Baxter— Tenemos que irnos. Mis hombres están muriendo para que puedan hacer su trabajo, pero tenemos que irnos ya.

        Desde las oficinas superiores los soldados alemanes empezaron a dispararles. Baxter avisó al grupo que estaba en la entrada de las instalaciones que los habían flanqueado.

—¡Tenemos que irnos! —gritó un sargento— ¡Antes que nos rodeen!

        Tres de los soldados ya estaban heridos y el coronel Baxter tenia sangre en su uniforme, aunque no parecía suya.

—Voy a volar este cacharro ahora mismo y nos retiramos.

—¡Señor! —volvió a gritar el sargento, señalando la gran puerta que daba al exterior, empezaban a entrar docenas de soldados alemanes— Nos han cortado la retirada.

        Los soldados alemanes caían tan pronto como entraban en la gran sala, hasta que la ametralladora se quedó sin munición. Entonces pudieron empezar a repeler el fuego americano y tomar posiciones.

—Sargento, avise al grupo de la puerta que retroceda hasta esta posición. Luego coja tres hombres y consíganos fuego de cobertura desde aquella esquina.

—Señor, la munición empieza a escasear.

        Baxter ayudo al sargento a recoger los cargadores de los soldados caídos y lo despidió con una palmada en el hombro. Mientras los hombres corrían hasta la posición indicada, dos de ellos cayeron heridos. Una vez alcanzaron su posición empezaron a disparar contra los alemanes, consiguiendo una pequeña pausa para el grupo que estaba en la sonda.

—Harry —un asustado Beckett miró a un más asustado Harry—, creo que me han herido —Becket enseñó un a mano llena de sangre—. No hay escapatoria. Estamos en una posición imposible. En cuanto se acabe la munición nos cogerán prisioneros.

—No David, saldremos de esta. El coronel Baxter sabe lo que hace.

—Pronto no podremos hacer nada. Mira, Harry, ya han caído casi todos sus hombres —Beckett señaló a los siete soldados caídos—. Tienes que hacer lo que hemos hablado tantas veces. La sonda está preparada para saltar, solo tienes que introducir los datos de destino.

        Harry miró a su alrededor. En ese momento llegaron tres soldados americanos desde la puerta principal y se unieron al sargento en la defensa de su posición. Harry recordó que en la puerta principal había nueve soldados. Solo habían regresado tres, Harry no sabía de táctica militar, pero comprendió que la situación era desesperada y no había salida. Tenían que tomar una decisión desesperada.

        Harry y David Beckett habían hablado mucho sobre los usos que podría tener una máquina para viajar por el tiempo. Tras fantasear sobre viajar a determinadas épocas y ver en directo acontecimientos históricos la conversación siempre derivaba sobre el mal uso de la máquina.

—Harry —murmuró David—. Tienes que usar la máquina para detener su construcción.

        Harry asintió, aquella conversación la habían tenido un centenar de veces durante la preparación de aquella misión. Estaban a un paso de una confrontación nuclear entre Estados Unidos y Alemania. Aquella incursión no podía acabar sin represalias por parte alemana.

—¡Coronel! —llamó Harry— Que sus hombres retrocedan hasta la sonda y entren dentro. La usaremos para huir.

        Al agruparse alrededor de la sonda, los soldados alemanes habían dejado de disparar, para no dañarla.

—¿Qué tiene en mente, Wells?

—Solo quedamos en pie seis de nosotros —explicó—. Podemos entrar en la sonda y retroceder en el tiempo para evitar que se pueda construir y evitar una guerra nuclear.

        Baxter miró a su alrededor, dudando. Solo quedaban tres soldados de los veinte que habían empezado aquella incursión, uno de ellos malherido.

—Así tendremos una oportunidad —añadió Harry.

—Ustedes, cojan a Mitchell y llévenlo dentro de la sonda, yo los distraeré para que puedan irse.

—Coronel, yo le acompaño —dijo Beckett

—David …

—Ve tú, Harry. Sálvalos.

        Hasta ese momento las tropas alemanas habían evitado disparar contra la sonda. Cuando vieron que los americanos entraban en ella y empezaban a manipular los controles cambiaron de opinión.

        El coronel Baxter y el capitán David Beckett se alejaron unos metros de la sonda y empezaron a disparar contra los alemanes para darle una oportunidad a Harry.

        Harry desde el interior de la sonda veía a sus amigos disparar para protegerle, hasta que Beckett fue abatido, el coronel Baxter cayó pocos segundos después. Según la cuenta atrás de la sonda le quedaban solo tres segundos para el salto. Los alemanes empezaron a disparar contra la máquina. Esta empezó a vibrar y el tablero de control se encendieron varias luces rojas.

        Poco después todo fue envuelto en una nube de vapor blanco y el paisaje cambió. Tras un leve impacto, Harry notó que estaban deslizándose por una pequeña ladera. La sonda resbaló unos diez metros y se golpeó contra un grupo de rocas, quedando medio apoyada sobre un lateral.

        Harry consultó los instrumentos, Casi todos los indicadores del tablero estaban en rojo y en las pantallas se mostraban multitud de mensajes de alerta. Según el indicador principal, habían retrocedido quince años.

—Maldita sea —murmuró Harry.

Tres años atrás.

        Harry miró por la ventana, esperando ver de regreso a su compañero de piso, Steve Connors. Él y Connors era el último superviviente del equipo que había intentado destruir las instalaciones alemanas del proyecto Astro. De los cuatro que habían retrocedido en el tiempo, el soldado Winters murió a día siguiente por las heridas recibidas en el tiroteo antes de partir.

        Tras enterrarlo en el bosque, fueron en busca del pueblo más cercano, donde la noche siguiente robaron ropa y comida. No podían usar la documentación que habían recibido antes de partir, ya que las fechas que aparecían en ella eran del futuro. Estuvieron viviendo el bosque durante cuatro semanas, vigilando la sonda y esperando que apareciera algún equipo de búsqueda el futuro.

        Al no aparecer ningún equipo de búsqueda del futuro, dedujeron que su misión había tenido éxito. Aunque, cómo apuntó Connors, también podría ser que el inicio de la tercera guerra mundial hubiera evitado que fueran a buscarles.

        Estuvieron discutiendo sobre qué camino tomar. Harry era partidario de no salir de Alemania e intentar infiltrarse en el proyecto Astro para sabotearlo. Connors dudaba, aunque el sentido del deber le hacía apoyar a Harry.

En cambio, el soldado Daniels quería volver a Estados Unidos e informar de lo ocurrido. Era el único que había dejado mujer e hijos y quería volver a verlos, no acaba de entender que su mujer, en aquellos momentos justo lo estaba conociendo y si intervenía e interfería en la relación podía crear algún tipo de paradoja, sin saber qué consecuencias podría tener.

Tras muchas discusiones, Daniels pareció, al fin, entender la situación. Tras unos días en silencio, se disparó en la boca, suicidándose. Tras discutir un plan de acción, decidieron destruir todo lo que pudieran en la sonda y llevarse toda la información posible. Enterraron todo el equipo traído desde el futuro y emprendieron el viaje hacia Berlín.

Harry recordaba que había un infiltrado en el proyecto Astro que pasó información a los Estados Unidos. Decidieron intentar contactar para unirse a su causa.

Aún quedaban dos años hasta que empezara a enviar información, así que decidieron viajar a Berlín a intentar infiltrarse en el Instituto de Física.

Aquella tarde Connors había ido a reunirse con un profesor de la universidad de Berlín para intentar conseguir información sobre un estudiante que iba a entrar a trabajar en las instalaciones de prueba del Instituto. Había recibido un mensaje en clave diciendo que la reunión había sido un éxito, Harry esperaba impaciente a Connors para saber toda la información.

Un mensaje de Connors lo citó en una cafetería cerca de su apartamento. Otras veces ya habían usado esa cafetería como punto de reunión, por eso no le extrañó el cambio de planes.

Harry estaba solo a unos metros del local cuando vio a su amigo llegar. Iba a hacerle una señal para indicarle que estaba llegando, pero algo en su actitud lo alarmó.

Cuando se fijó, vio que cojeaba levemente. Le hizo una señal, que tenían acordada, para que no lo reconociera. Harry entró en el local y se dirigió al fondo, cerca de los lavabos. Connors entró y paso rápido por su lado, dejando caer un pequeño sobre en su regazo.

—Huye —murmuró—. Me han seguido.

        Harry se levantó e intentó salir de la cafetería. Vio un coche detenerse y bajar cuatro policías, al mismo tiempo tres personas de paisano empuñando pistolas, entraban en el local.

        Connors salió de los lavabos empuñando su propia arma y empezó a disparar a los policías. La gente que estaba en el local se asustó y empezó a correr hacía la salida. Harry los imitó. Vio de reojo como caía un policía con el pecho ensangrentado y los otros agentes empezaban a disparar a Connors.

—Hay que cogerlo vivo —grito el policía de más edad.

        Connors disparó al policía que había gritado esa orden. Tres disparos lo empujaron contra la pared, aún tuvo tiempo de disparar dos veces más antes de perder el arma.

        Harry se quedó por los alrededores de la cafetería hasta que vio como sacaban el cadáver de su amigo. Se fue al apartamento que compartían, recogió la mochila que tenía preparada para casos de emergencia y desapareció.

Un año atrás.

        Harry salió de la taberna donde había dejado información del proyecto Astro escondida en los lavabos. No entendía la cadena de acontecimientos que le había llevado a aquella situación. Ahora tenía que contactar con la persona de la embajada a la que tenía que convencer para que la recogiera.

        Dos años atrás había conseguido entrar en el proyecto Astro como técnico. La información que Connors había conseguido el día de su muerte había sido la clave para entrar. Había suplantado la identidad de un trabajador. Harry siempre había aparentado menos edad de la que tenía y ahora esta característica le había beneficiado.

        Suplantó la identidad de un candidato a entrar en el proyecto. Gracias sus conocimientos de física pudo pasar las pruebas sin problemas. Al entrar en el proyecto tras pasar la selección de personal no levantó sospechas y pudo recopilar toda la información necesaria.

        Cuando estaba a punto de realizarse la primera prueba de la sonda conoció a Gunter Hassel. Faltaban dos días para la hora del lanzamiento y todo apuntaba a que la prueba sería un éxito. Harry recordaba que las primeras cuatro pruebas fallaron y hasta la quinta no se consiguió el retorno de la sonda. Pero, cada vez que comprobaba los datos y los parámetros de lanzamiento, no veía nada que pudiera provocar el fallo en el retorno de la sonda.

        Un día antes se decidió a sabotear la sonda, manipuló los sensores de carga de las baterías para que estas fallaran al iniciar la fase de retorno. Cuando acabó de manipular los sensores, en un cuarto de control secundario, al levantarse de la consola para salir de la sala vio a un hombre alto, vestido con traje y corbata debajo de una bata blanca, reconoció al subdirector Gunter Hassel de inmediato.

—¿Qué está haciendo aquí? —preguntó Gunter— No debería estar en esta sala, todos los parámetros de la misión se controlan desde la sala principal.

        Harry estaba paralizado por el terror. Gunter se acercó a la consola y comprobó los datos que había manipulado Harry.

—Ya veo … —murmuró tras unos segundos.

        Gunter miró la tarjeta de identificación de Harry.

—Otto Fritz, técnico de primer nivel del departamento programación de sistemas de navegación.

—Yo, estaba comprobando unos datos …

—Ha manipulado los datos de carga de la batería, parece que está al cien por cien de carga, pero estará a un cuarenta por ciento.

        Gunter había entendido perfectamente lo que había hecho Harry, no tenía ninguna opción, solo intentar neutralizar al subdirector para que no lo delatara. Se lamentó por no tener ningún arma encima, empezó a mirar a su alrededor en busca de algo para usar como arma e incapacitar al doctor Gunter Hassel.

        Antes de que Harry pudiera reaccionar, Gunter se dio la vuelta y salió de la sala.

—Tendrá noticias mías —fue la enigmática despedida.

        Harry se quedó solo, temblando, a la espera del personal de seguridad. Tras unos minutos de espera comprendió que no iba a venir nadie. Se arriesgó a salir de la sala, en el pasillo tampoco había nadie esperándolo, ni en la sala de control principal. Gunter lo vio desde el otro extremo de la sala y le hizo un breve saludo con la cabeza.

        No comprendía porque no lo había denunciado. Salió de las instalaciones sin que nadie intentara detenerlo y se fue a casa, donde recogió la bolsa que tenía preparada para emergencias y se escondió en un hotel cercano con una identidad falsa. Desde el hotel podía controlar si alguien intentaba acceder a su casa.

        Nadie fue a su casa, ni se acercó a su coche, ni preguntaron por él en el hotel. No sabía qué hacer. Al día siguiente no fue al trabajo, a última hora de la tarde recibió un mensaje en su consola del trabajo:

        “Esperaba poder hablar contigo hoy. Te espero mañana”

        Era del subdirector Gunter Hassel.

        Harry estaba sumido en un mar de dudas. Era evidente que también quería sabotear el proyecto Astro, no comprendía que motivos podían moverle. Tenía la posibilidad de encontrar un aliado en su plan para detener el proyecto. Finalmente se decidió a correr el riesgo de entrevistarse con Gunter.

        Al día siguiente fue a las instalaciones con un arma escondida. No dejaría que lo atraparan vivo, seguiría el ejemplo del sargento Connors.

        Gunter lo llamó poco después de incorporarse a su trabajo. Lo citó en los jardines traseros de las instalaciones.

—¿Eres un agente americano? —fue la primera pregunta de Gunter

        La contundencia de la pregunta sorprendió a Harry, que no supo que responder.

—No exactamente.

—Sabes lo que estamos haciendo y estabas saboteando el lanzamiento ¿por qué? —insistió Gunter.

—Porque los primeros deben fallar.

        La respuesta sorprendió a Gunter. Harry se lamentó de inmediato. Había dado demasiada información sin querer.

        Gunter miró a Harry detenidamente, comprobando cada rasgo de su cara.

—Tienes más edad de la que dice tu ficha, Otto ¿Quién eres en realidad? —había curiosidad en su tono de voz.

—No entiendo la pregunta, doctor Hassel.

—Te he investigado un poco. Supongo que has suplantado la identidad de Otto Fritz. He conseguido encontrar una fotografía de él de hace cinco años. Es cierto que tienes un parecido considerable, pero no eres tú ¿Vas a contármelo o tengo que denunciarte?

—¿Por qué no me ha denunciado? También tenía intención de sabotear el lanzamiento de la sonda ¿porque no arregló los datos que modifiqué? —Harry decidió interrogar a Gunter para ganar tiempo antes de que lo obligara a responder.

—Sí, quería sabotear el proyecto —admitió Gunter—. Tengo mis motivos, quería saber los tuyos antes de denunciarte.

        Harry miro a Gunter, preguntándose si podría confiar en él. Si tuviera un aliado dentro del proyecto conseguiría resultados mucho antes. Algo en la mirada de Gunter le hizo confiar en él.

        Gunter cogió del brazo a Harry y lo llevo hacía la entrada de las oficinas.

—Ahora nos tenemos que separar, no puedo abandonar la sala de control cuando falta tan poco para el lanzamiento de la sonda. Cuando fracase, volveremos a hablar.

        Tres días después, Gunter volvió a contactar con Harry, esta vez convinieron encontrase fuera de las instalaciones.

        Harry llego a la cita con mucha antelación, para observar los alrededores del bar donde lo estaría esperando Gunter, y elaborar un plan de huida. Llevaba la pistola oculta en el cinturón, por si acaso. Tras media hora observando a los peatones y al personal de bar, llegó a la conclusión de que nadie lo estaba esperando. No parecía que quisieran tenderle una emboscada. De hecho, no tenía sentido, había ido a trabajar cada día y podrían haberlo detenido en cualquier momento. Se sentó a esperar a Gunter.

        Apareció con cinco minutos de retraso. Cuando entró en el bar lo busco con la mirada y cuando lo reconoció, se sentó junto a él.

—Disculpa el retraso, las reuniones para establecer que ha fallado en el lanzamiento son interminables.

—Lo sé, yo también las he sufrido —añadió Harry.

        Se sentaron en un reservado, lejos de miradas indiscretas. Pidieron unas bebidas y algo de comer. Harry esperó a que Gunter tomara la iniciativa en aquella conversación. No sabía muy bien qué esperar ni qué tipo de propuesta recibiría de Gunter.

—¿Por qué dijiste que los primeros deben fallar?

—Según los datos que tengo, los primeros cuatro lanzamientos de la sonda fallaron, no sabía los motivos exactos. Por eso decidí sabotear los indicadores de carga para evitar que la prueba fuese un éxito. Para que la historia que conozco no difiera de esta realidad. ¿Qué ibas a hacer tu?

        Gunter alzó una ceja extrañado por la explicación de Harry.

—¿Qué quieres decir cuando hablas de la historia que conoces?

        Harry suspiró, había llegado el momento que temía, si quería tener a Gunter como aliado debía ser sincero con él. Decidió explicarle una versión resumida de su misión de sabotaje.

—Increíble, entonces la sonda llega a funcionar. Tendremos éxito con el proyecto.

—Y tú —le interrumpió Harry— ¿Cuáles son los motivos que te impulsaron a sabotear la sonda?

—Tengo mis motivos personales. Prefiero guardármelos. También opino como tú, este proyecto nos dará demasiada ventaja tecnológica sobre los Estados Unidos, y eso les obligará a tomar medidas demasiado extremas.

—¿Cuál es tu verdadero nombre? —preguntó Gunter tras unos minutos de incomodo silencio.

—Harrison Wells, puedes llamarme Harry.

—Creo que seguiré llamándote Otto. Para evitar problemas ¿Por qué quieres sabotear el proyecto Astro?

—Creo que nadie me ha seguido ni ha intentado detenerme porque tras nuestra incursión empezó la tercera guerra mundial. Una guerra nuclear. Creo —añadió—, que no ha quedado nadie con vida que pueda volver a poner en marcha el proyecto Astro. O algún proyecto similar.

—Es bastante probable. Los servicios de información nos han explicado que en Estados Unidos no hay nadie, en la actualidad, que sepa lo que estamos haciendo.

—Por eso quiero destruir todo el proyecto Astro, para que nadie pueda desarrollar un programa como este, que nos conduzca a una catástrofe nuclear.

—¿Cómo planeas hacerlo?

—A partir del mes que viene, alguien del proyecto empezará a filtrar información a los Estados Unidos. Dentro de un tiempo enviaran a un agente a investigar. Cuando podamos contactar con él, podremos cambiar el rumbo de la historia.

—¿Crees que hay alguien más descontento dentro del proyecto?

—No lo sé. Pero dentro de un mes iré al lugar donde se producían los intercambios de información. Observaré quien está en el lugar e intentaré contactar con él.

        Unas semanas más tarde, Harry tenía previsto empezar a frecuentar la taberna donde iban a producirse los intercambios de información. Coincidió con un ascenso de categoría, fruto de su nueva amistad con Gunter, aunque procuraban no coincidir dentro de las instalaciones del proyecto.

        En aquella semana todo el mundo tenía mucho trabajo, se estaba empezando la construcción de la segunda sonda y se estaban reconfigurando todos los parámetros de vuelo. El tercer día que iba a la taberna le encargaron unos cálculos urgentes. Decidió llevarse los documentos y hacer los cálculos mientras esperaba en la taberna.

        Entonces vio al intermediario. El agente de la embajada, acompañado de su familia. Era el día que se produciría el primer contacto. El local estaba casi vacío, solo había unos clientes en la barra charlando entre ellos. En un par de horas el local estaría lleno para ver el partido de futbol.

        Harry entró en pánico. Fue al punto de entrega de la información y estaba vacío, no había nada. El agente entró e hizo uso de los inodoros, se lavó las manos y salió. Harry tenía que actuar rápido, sacó su consola y grabó algunos archivos de información en una memoria portátil. La dejo en el punto de intercambio y salió detrás del agente. Lo interceptó antes de que pudiera llegar a su mesa.

—Tiene información importante en un hueco detrás del aparato de aire del lavabo de hombre. Recójala. Es importante —ordenó—. No trate de seguirme.

        Salió del lugar y observó al agente desde un rincón protegido. Vio como regresaba a su mesa y tras unos minutos pensativo, sin prestar atención a las palabras de su mujer, se levantó y volvió a los lavabos. Tras unos eternos minutos volvió y sin sentarse indicó a su mujer que tenían que irse.

        Harry suspiró de aliviado. La historia estaba desarrollándose como estaba escrita. Cuando estaba de nuevo en su coche, de regreso a su apartamento, no pudo evitar pensar en que se había convertido en el autor de hechos que estudiaría en el futuro. No podía evitar pensar qué clase de paradoja estaría creando al participar en hechos y acontecimientos que acabaría estudiando en el futuro. También estaba decepcionado, ya que no había nadie más en el proyecto que pudiera unirse a ellos en su pequeña conspiración.

        Decidió no pensar demasiado en ello, se limitaría a seguir el orden cronológico de las pruebas de la sonda y si hacía falta, intervendría para que los hechos se ajustaran a sus recuerdos.

Unas semanas atrás:

        Harry estaba en su despacho, preparando la sonda para la siguiente prueba. En esta ocasión con un perro en su interior. Él sabía que sería un éxito, pero debía asegurarse de que los parámetros de la misión fueran los correctos. Pronto deberían tomar una decisión para decidir el momento exacto para llevar a cabo su plan para destruir el proyecto Astro.

        El teléfono interrumpió su trabajo.

—Departamento de Programación —respondió con voz monótona.

—Quiero hablar con Gustav Reinhard.

—Se equivoca, no hay nadie con ese nombre aquí.

        Tras despedir la llamada se quedó mirando el teléfono. Había sido una llamada en clave de Gunter. Necesitaba verle de inmediato. Tenían una serie de claves para situaciones de emergencia, en este caso debían verse dentro de media hora en un almacén secundario del garaje de vehículo pesados. La urgencia de la cita alarmó a Harry.

        La espera se le hizo interminable, cuando faltaban diez minutos se dirigió al punto de encuentro. Fue observando al personal con el que cruzaba. Debían ser imaginaciones suyas, pero le pareció que lo miraban de forma un tanto rara.

        Cuando llegó al almacén comprobó que no hubiera micrófonos ni nadie observando. El taller estaba vacío, era la hora de la comida.

—¿Qué está ocurriendo? —preguntó nada más ver a su amigo.

—Han localizado un espía intentando infiltrase en las instalaciones ¿Sabes algo? ¿No recordabas que esto iba a ocurrir?

—No había nada en los archivos. No debe ocurrir nada anormal en varios años.

—Tendríamos que intentar contactar con él. Podría ayudarnos.

—Cuéntame todos los detalles.

        Se separaron pocos minutos después. Harry estuvo estudiando un plano de la región donde estaban ubicadas las instalaciones. Marcó el punto donde habían encontrado el coche, calculó que, si iba a pie, su mejor opción era dirigirse hacia el norte, donde había un pueblo desde el que podría intentar coger un transporte. Intentaría acabar su turno lo antes posible para ir al encuentro del misterioso espía.

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