Capítulo 13

         John acabó de leer el informe del último mensaje de COPERNICO. Se podía resumir que, por presiones del Ministerio, iban a avanzar la fase de pruebas con seres vivos. Primero con animales pequeños, aumentando el volumen poco a poco hasta enviar a un ser humano.

        Aquel informe preocupó a John, recordó la teoría del doctor Reynolds sobre las consecuencias de modificar el pasado. Valoró también la posibilidad de informar al general Brown y que el peso de tomar una decisión fuera de su superior. Pero lo más probable es que lo retirasen de la investigación y lo declarasen demente. En caso que llegará a convencer a sus superiores recordó las palabras de la doctora Ross. ¿Cuál sería la respuesta de Estados Unidos si creía que los alemanes podían viajar al pasado y alterarlo?

        A John solo se le ocurría una respuesta a esa pregunta: destruir la máquina. No creía que hubiera posibilidades de hacerlo sin que Alemania supiera quien lo había hecho, lo cual llevaría a algún tipo de represalia, con la consiguiente escalada de agresiones. Eso llevaría a una nueva guerra Mundial.

        Tenía la sensación de que debía actuar rápido para evitar que consiguieran sus objetivos, pero no sabía cómo. Decidió viajar a las instalaciones de prueba para intentar ver la zona donde se probaba la máquina.

        Condujo tres horas hasta las cercanías de la zona de pruebas. No encontró ninguna indicación de la presencia de las instalaciones, tuvo que orientarse por las fotografías que había memorizado de la zona. Hasta que llego a un puente con un puesto de control no fue consciente de que había alcanzado su objetivo.  No tenía otra opción que detenerse en el puesto. Ya había ensayado lo que iba a decir.

Se hizo pasar por un ciudadano berlinés que iba a Varsovia y se había perdido por el camino. Su documentación probaba su historia, pero no sabía hasta qué punto sus documentos resistirían una inspección minuciosa.

        Tuvo que felicitar el trabajo del departamento de documentación de la embajada. Superó todas las pruebas que le hicieron y tras recibir una pequeña reprimenda e instrucciones para volver a la carretera principal abandonó la zona.

        La rápida inspección de la zona, mientras comprobaban su documentación, le mostró unas fuertes medidas de seguridad, aunque al ser una extensión de terreno tan grande seguro que tendría alguna zona algo más desprotegida.  En una curva de la carretera había un pequeño desvío de tierra, lo tomó y aparcó en coche en el inicio de un pequeño camino, algo resguardado de miradas indiscretas y se internó en el bosque a comprobar el perímetro.

Tras media hora andando, alcanzó una pequeña colina desde la que podía ver la mayor parte de las instalaciones principales. Se ocultó con una lona de camuflaje y se dispuso a estudiar los edificios que tenía frente a él.

        Entre dos colinas estaban los edificios principales, con las oficinas y los talleres de montaje ocupando la mayor parte del valle. Por las fotografías por satélite, sabía que detrás de la colina situada en el lado sur del valle había una pequeña ciudad donde estaban los alojamientos del personal que trabaja allí. A continuación, se habría una inmensa llanura donde siguiendo el rastro de una carretera, se podía adivinar en el horizonte las estructuras donde se habían hecho las pruebas.

        John estuvo un rato observando los edificios, valorando la seguridad del perímetro para infiltrase en los laboratorios. En aquella parte de las instalaciones la seguridad era demasiado fuerte, había una gran valla doble coronada con alambre de espino recorrida por parejas de soldados. Cada kilómetro había torres de vigilancia y toda la zona tenía grandes reflectores, que por la noche iluminaban el perímetro.

        Si quería infiltrase debía buscar otro punto de acceso. Quizá en las zonas más alejadas de las instalaciones principales, aunque su experiencia como militar le decía que aquello era trabajo para un equipo de soldados de operaciones especiales y que un hombre solo no tendría apenas ninguna oportunidad.

        Cuando llevaba casi una hora estudiando el terreno, decidió regresar al coche. A unos cientos de metros, vio movimiento entre los árboles. Se detuvo y se agachó, cubriéndose detrás de unos arbustos. Estuvo unos minutos inmóvil hasta que vio un par de soldados que avanzaban lentamente entre los árboles. Por la actitud de los soldados supo que habían encontrado el coche y lo estaban buscando.

        Los soldados se fueron alejando lentamente y John retrocedió hacía la colina donde había estado. Debía ir con sumo cuidado, la situación de repente se había vuelto muy peligrosa. Maldijo la idea de venir a inspeccionar la zona de pruebas, la inspección no había aportado ningún dato nuevo que no supiera ya por las fotografías del satélite.

        Había cometido errores en aquella misión, como en el centro comercial, cuando se había puesto en evidencia al no haber pagado las consumiciones en el momento de pedirlas. Se concentró en no cometer más errores.

        Se dirigió al norte, donde a unos diez kilómetros había un pueblo. Se dirigiría allí y trataría de conseguir un billete de tren de vuelta a Berlín.

        Fue avanzando con sumo cuidado, deteniéndose a escuchar cada pocos minutos, recordando el entrenamiento en los Marines y su participación en las guerras del norte de África.

        Tras cuatro horas avanzando por el bosque y esquivar varias patrullas alemanas, empezó a oscurecer, en el horizonte, tras unas colinas podía ver las luces del pueblo que tenía como destino. Cuando llegó a una carretera, pobremente iluminada, se fijó en sus ropas. Los zapatos y los bajos de los pantalones estaban llenos de barro y la chaqueta tenía multitud de pequeños desgarros. No era la mejor apariencia para un desconocido. Su aspecto llamaba demasiado la atención, no creía que pudiera improvisar alguna historia que evitara que llamaran a la policía.

        Vio unas luces que se acercaban por la carretera y se escondió entre los árboles. Otra opción era robar un coche en aquella carretera secundaria y escapar.

        El coche se detuvo a pocos cientos de metros de su posición y bajo un hombre mayor, miró en varias direcciones y pareció que se empezaba a gritar algo, buscando a alguien. Tras unos minutos reanudó el camino en su dirección.

        John decidió aprovechar la oportunidad y robar ese coche. Cuando estaba a punto de levantarse para intentar detener el vehículo y reducir al conductor, este volvió a detenerse a pocos metros de su posición y empezó a gritar en la oscuridad. Las palabras que escuchó lo inmovilizaron al instante.

—¡Atención, agente americano, estoy aquí para ayudarle! ¡Le he visto un momento en la carretera antes de esconderse! ¡Hay un batallón de soldados buscándole, el pueblo al que se dirige está rodeado, caerá en una trampa!

        El hombre se detuvo a coger aliento antes de continuar.

—¡En pocos minutos cerrarán el circulo, no tiene escapatoria, están a punto de atraparlo!

        John estaba atónito, pero las siguientes palabras lo paralizaron.

—¡Está buscando la forma de detener a los alemanes en su objetivo de construir una máquina para viajar en el tiempo! ¡YO PUEDO AYUDARLE!

        John dio un respingo al escuchar esa declaración de intenciones del desconocido. El movimiento involuntario delató su posición. El desconocido siguió hablando.

—Rápido, en unos minutos llegarán aquí. Ya me estoy arriesgando demasiado.

        En el bosque, detrás de John se veían unas tenues luces rojizas entre los árboles. Las reconoció como linternas de camuflaje, sabía por experiencia que estaban mucho más cerca de lo que aparentaban.

        Salió de la cuneta y se presentó al desconocido.

—¿Quién es usted y porque me ayuda?

        El desconocido se subió al coche y abrió la puerta del pasajero.

—Rápido, tenemos que irnos.

        John no tenía demasiadas opciones, así que subió al coche y este arrancó con un leve chirriar de neumáticos.

—¿Quién es usted? —volvió a preguntar John—. Y ¿porque me ayuda?

—Tenemos el mismo objetivo, evitar una confrontación nuclear entre su país y Alemania.

—¿Quién es usted? —volvió a preguntar John.

—Ahora no —fue la breve respuesta del desconocido—. Cuando lleguemos se lo explicaré todo.

        Había apagado las luces del coche al arrancar, no había ninguna luz que pudiera delatar su posición y el leve zumbido del motor eléctrico apenas se podía escuchar. Se fijó en el conductor, llevaba unas gafas que emitían una tenue iluminación sobre sus ojos. John las reconoció como un modelo de visión nocturna, pero eran mucho más pequeñas que los modelos que él conocía.

—Lleva gafas de visión nocturna —afirmó John—, pero son un modelo muy pequeño ¿es algún modelo de prueba?

—No, se lo explicaré en cuanto lleguemos a nuestro destino. Quedan unos diez minutos de viaje —añadió anticipando la pregunta de John.

        John se fue fijando en el paisaje, mientras iban avanzando por la carretera vio varios grupos de luces en el bosque, eran los soldados que lo buscaban. Por su posición comprendió que el desconocido no le había mentido, estaban a punto de cerrar el círculo y atraparlo en el interior. Vio también un par de helicópteros sobrevolando la zona en la que lo había recogido el desconocido. Debían ser los nuevos modelos eléctricos, ya que no los había oído, estaban sobre él. En cuestión de minutos lo habrían detenido.

        El desconocido giró en un cruce, tomó un camino lateral y detuvo el coche en el patio trasero de una pequeña casa.

—Ya hemos llegado. Entremos y se lo explicaré todo.

        John siguió al desconocido por el pequeño jardín al interior de la casa. Estaba decorada de una forma sencilla, con una mesa, un par de sillas y un sofá. sobre la mesa había una caja de madera cerrada.

—Supongo que querrá asearse un poco, tras esa puerta tiene un baño. Cuando haya acabado, le explicaré como le he encontrado.

        Sin esperar respuesta de John, cogió la caja y tras apartar algunos objetos saco una pequeña libreta.

—Por cierto —preguntó tras abrir la libreta y pasar algunas páginas—¿Usted es John Roberts?

        La pregunta hizo estremecer a John. ¿Cómo era posible ese desconocido supiera su nombre real? Adoptó una postura defensiva antes de responder.

—Creo que estoy en desventaja, tiene usted demasiada información sobre mí y yo no sé nada de usted.

—Tiene razón. Permita que me presente, teniente de la Unidad Científica Especial del Ejercito Harrison Wells, puede llamarme Harry.

        Harrison Wells tendió la mano a John, este dudo unos segundos antes de estrechársela.

—¿Unidad Científica Especial? No la reconozco, ¿a qué rama del ejercito pertenece?

—Es una unidad especial a las órdenes del general Albert Green, el cual responde solo ante el Presidente.

—No conocía su unidad, supongo que será alguna sección secreta.

        Harry sonrió, salió de la habitación y volvió enseguida con un par de tazas y una cafetera humeante en una mano y en la otra una bandeja con pan, queso y embutidos.

—Creo que esto nos hará falta. La noche puede ser muy larga. Tome asiento.

        Harry sirvió café y cortó pan y queso, que repartió en dos platos.

        John estaba perdiendo la paciencia por los rodeos que estaba dando Harry antes de afrontar la razón de su encuentro.

—Empecemos por el principio. Mi nombre es Harry Wells y vengo de su futuro.

        Harry le explicó como había empezado la guerra entre Alemania y Estados Unidos.

        Cuando Estados Unidos supo que Alemania había desarrollado la tecnología para viajar a través del tiempo empezó a investigar su propia máquina temporal, pero Alemania llevaba demasiada ventaja. Los científicos dijeron que tardarían, al menos, cinco años en tener un primer prototipo disponible. Eso enfureció a los militares que consideraban la ventaja alemana inaceptable.

        Tras muchas discusiones, se decidió sabotear las instalaciones de prueba del Instituto de Física de Berlín, para igualar las cosas entre Estados Unidos y Alemania.

        El atentado fue un éxito, las instalaciones sufrieron grandes daños, inutilizando las rampas de lanzamiento y los talleres de construcción. Se calculó que hubo unas doscientas bajas, entre militares y civiles. Incluyendo al personal científico.

        Se usaron agentes rusos y japoneses para desviar la atención de Estados Unidos. Durante dos semanas pareció que Alemania había aceptado la versión de un atentado causado por agentes rusos y japoneses disidentes. Sus gobiernos negaron toda implicación, temiendo las represalias de Alemania, pero a pesar de todo hubo bombardeos de represalia sobre Tokio y Moscú.

        Hasta que una serie de explosiones en las instalaciones de Los Álamos, destruyó el principal laboratorio y los talleres donde se estaba llevando a cabo la principal investigación en el viaje temporal. También hubo una serie de asesinatos selectivos en las universidades de Boston y Philadelfia. Las personas que asesinaron fueron los principales científicos en astrofísica y física teórica de Estados Unidos. Habían destruido, en un solo día, las instalaciones y el equipo de investigadores de la versión americana del proyecto Astro.

        Estados Unidos silenció el atentado y las muertes. Los militares entraron en pánico, era evidente que Alemania estaba al corriente de los avances de Estados Unidos. Incluso, decían algunas voces, habían usado la tecnología temporal para efectuar el atentado, ya que no habían sido capaces de averiguar cuantos agentes alemanes había participado en el atentado. No habían sido capaces de encontrar ningún rastro después del atentado que les diera alguna pista sobre los autores, ni el procedimiento que habían seguido. Además, dijeron algunas voces, dos semanas era muy poco tiempo para organizar una operación como aquella sin dejar ningún tipo de rastro.

        Alemania no dijo nada sobre las muertes ni el atentado. Estados Unidos puso a todas sus tropas en máxima alerta y desplegó sus grupos de navales de ataque en el Atlántico. Alemania respondió de igual forma, desplegando sus fuerzas navales en el Atlántico, frente a las costas de Irlanda, esperando la llegada de las fuerzas de Estados Unidos.

        En aquel momento la tensión era máxima. Cualquier pequeño incidente podría desencadenar la guerra entre las dos superpotencias. Los políticos hicieron su trabajo, tratando de reducir la tensión, pero los militares estaban muy asustados por la superioridad alemana al disponer del viaje temporal.

        Los servicios de inteligencia americanos descubrieron la puesta en marcha de un segundo grupo de instalaciones de investigación, por lo decidieron llevar a cabo otro ataque en el corazón de Alemania. Llevarían a cabo la Operación Reloj.

        Un pelotón de operaciones especiales y un grupo de los mejores científicos de la recién creada Unidad Científica se infiltrarían cerca de las nuevas instalaciones, al norte de los Alpes, cerca del lago Constanza.

        La misión consistía en infiltrase en las instalaciones, apoderarse de la sonda intacta y estudiar su funcionamiento durante el máximo tiempo posible antes de escapar y volver a territorio americano. Para ello los trasladaron a la embajada de Zúrich, una vez allí debían usar identidades falsas para moverse por el país.

        Para sorpresa de todos, el plan funcionó. Consiguieron llegar hasta la frontera y cruzarla sin levantar sospechas. Iban en pequeños grupos de tres o cuatro. Todos hablaban alemán y podían pasar por nativos. Cuando cruzaron el lago Constanza su objetivo estaba a apenas dos horas en coche.

        Consiguieron entrar en las instalaciones y localizaron el taller principal de construcción y las oficinas y laboratorios de investigación. Pasaron dos días escondidos en el bosque, tras lo cual se dividieron en dos grupos. Harry y la mitad de los marines fueron al taller de construcción, a estudiar las sondas. El resto de soldados se dirigió hacia los laboratorios con intención de copiar la mayor información posible.

        Harry y su grupo alcanzó la sonda y tras neutralizar a dos técnicos empezaron a estudiar su funcionamiento.

        El segundo grupo consiguió llegar a los laboratorios y empezó a copiar información y a transmitirla a Estados Unidos. Pronto fueron descubiertos y empezó el intercambio de disparos con los guardias del recinto. Mas guardias empezaron a llegar donde estaba Harry y su grupo. Estaban atrapados.

        Enviaron el máximo de documentación posible a Estados Unidos mientras fue posible. La situación pronto se volvió crítica. No había escapatoria posible. Era una de las opciones que sabían que podía ocurrir, habían decidido luchar hasta el final y destruir el máximo posible de la investigación alemana.

        Harry hizo una pausa para beber café.

—¿Que ocurrió entonces? —pregunto John—. Entiendo que consiguieron volver a Estados Unidos con la información, ya que estamos aquí hablando.

—Los acontecimientos no fueron como estaba previsto y tuvimos que improvisar —Harry suspiró antes de continuar—. David Beckett era mi superior en la Unidad. Y un amigo. Con el habíamos hablado mucho de lo que podríamos hacer con una máquina del tiempo. Al final siempre llegábamos a la misma conclusión.

—¿Cual? —le apremió John.

—Usarla para evitar el desarrollo de la tecnología que la haría disponible.

—¿Como pretendía hacer eso?

—Viajando al pasado y matando al doctor Wankel.

        John miró pensativo a Harry sin saber que responder.

—Así que, a pesar del aparente éxito al poder transmitir toneladas de información a Estados Unidos, estábamos a punto de morir o caer prisioneros de los alemanes. Los supervivientes que quedábamos de la misión, cuatro hombres entre soldados y científicos, decidimos usar la sonda para viajar al pasado y matar al doctor Wankel.

—Por eso está aquí —concluyó John—. ¿Y los demás?

—Muertos —fue la breve respuesta de Harry—. Uno de ellos estaba muy malherido y murió a las pocas horas al salto. Otro se suicidó un mes después del salto, al comprender que no podría volver a ver a su familia. El último de ellos, el sargento Connors, se sacrificó para que yo pudiera escapar unos meses después de nuestra llegada. La policía de Berlín estaba a punto de atraparnos —añadió sin añadir más explicaciones.

—Entonces está solo.

—No del todo, conseguí la ayuda de un técnico en el Instituto. También cree que los viajes en el tiempo no pueden traer nada bueno.

—Entonces, consiguieron su objetivo. Porque el doctor Wankel está muerto.

—No. Murió en un desgraciado accidente en una de las primeras pruebas del Proyecto Astro. No fue cosa nuestra. Nosotros llegamos después de su muerte. No supimos calibrar bien la sonda y retrocedimos un poco después de su muerte.

        John tenía docenas de preguntas. La primera era obvia.

—¿Cuantos años ha retrocedido desde su tiempo?

—Quince.

—¿Cuánto tiempo lleva aquí?

—Cuatro años.

        John se quedó sin palabras.

—¿Lleva cuatro años viviendo de incógnito en Alemania?

—Si. Al principio fue duro. La tentación de comunicarnos con nuestra embajada era muy fuerte, pero no sabíamos qué tipo de paradoja podríamos desencadenar. Mi yo actual está acabando el doctorado en el MIT de Boston. Cuando el sargento Connors murió, estábamos detrás de la pista de un trabajador de la primera zona de pruebas. Conseguí su identidad poco después —añadió sin dar más detalles.

—¿Que ocurre conmigo? ¿Dónde estoy dentro de quince años?

—Tras su misión en Alemania regresa a Estados Unidos e informa al General Brown de lo que ha descubierto. Lo toman por loco, nadie le cree y cae en desgracia, es la excusa que usan para expulsarlo del servicio. Regresa a Alemania a seguir la lucha por su cuenta y su rastro desaparece. Suponemos que cae prisionero y lo eliminan.

—Justo lo que la doctora Ross dijo que iba a ocurrir.

—La doctora Alexandra Ross fue una de las principales impulsoras de nuestra versión del Proyecto Astro. Murió en los atentados.

—Entonces ¿Cómo descubre Estados Unidos el Proyecto Astro?

—Hubo una serie de incursiones en África del Norte, donde los agentes alemanes actuaron como si supieran lo que íbamos a hacer nosotros. Entonces el general Brown recordó sus informes y empezaron a encajar las piezas, tardaron varios meses en aceptarlo, hasta que fue irrefutable.

—Entonces empezaron con los atentados y la escalada de agresiones.

        Harry asintió, con el rostro sombrío.

—Entonces ¿cuál es el plan a partir de ahora?

—He intentado mantener un perfil bajo, no destacar por nada, ni hacer nada que pudiera afectar a la continuidad histórica. Hasta ahora.

—¿Que ha ocurrido para este cambio?

—Ha usted no tienen que detenerlo ahora. Debía volver a Estados Unidos en una semana e informar sobre las intenciones alemanas.

—Pero hace unas horas casi me detienen si no es por su intervención.

—En efecto, ya ha cambiado la historia y los acontecimientos se están precipitando. Entre los técnicos de la zona de pruebas corre el rumor que hay un agente infiltrado. Creo que están a punto de descubrirme. Hemos de actuar rápido.

—¿Tiene algún plan?

—Si

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