Capítulo 7

        Eric cerró la carpeta con las últimas propuestas para la siguiente prueba de la cápsula. El nombre que aparecía en la portada era Proyecto Astro. Al principio, el Proyecto Astro era un estudio teórico sobre la posibilidad de usar agujeros de gusano para enviar sondas a otras estrellas, reduciendo el viaje a unos pocos años en lugar de cientos, o incluso, miles de años a velocidades relativistas.

        Pronto se dieron cuenta que las ecuaciones en las que se basaba el proyecto tenían una serie de variables temporales. Al modificar las variables, de repente, se hizo posible el viaje en el tiempo. El doctor Wankel consiguió convencer a sus superiores de la viabilidad del proyecto y se empezó a invertir dinero. Al principio, no mucho, pero pronto el Proyecto Astro creció de tal manera que necesitó cantidades astronómicas de recursos.

        Las ecuaciones solo admitían variables para viajar al pasado, el viaje a nuestro propio futuro no era posible. Era algo lógico, pensó Eric, ya que nuestro futuro todavía no se ha desarrollado, por lo que no podemos visitarlo. “No se puede recorrer una carretera que todavía no se ha construido”, fue la frase que usó el doctor Wankel, diez años atrás, para explicarle la imposibilidad de viajar al futuro.

        Podría considerarse un éxito rotundo, aunque solo habían conseguido perder cuatro sondas enviándolas al pasado. O al menos eso creían, ya que no tenían modo de saberlo. Los primeros viajes debían servir para calibrar los instrumentos y saber, con exactitud, a que época se enviaba la sonda. La primera parte del experimento se desarrollaba sin problemas, los motores arrancaban y la sonda, simplemente, desaparecía. Como por arte de magia. Desaparecía con una pequeña implosión, al ocupar su espacio el aire de alrededor.

        El problema era que no regresaba. Según el plan de vuelo establecido, la sonda debía llegar a su destino, soltar un líquido radioactivo y tras unos minutos tomando muestras del aire y grabar imágenes que documentaran su viaje, regresar.

        Eric meditaba sobre el destino de las sondas. Era frustrante no saber su paradero. Podría ser que solo se hubieran vaporizado, sin llegar a su destino. O, tal vez, las habían mandado a la otra punta de la galaxia y se habían perdido en el espacio. Una idea estaba luchando por salir a la superficie en su mente, pero no lograba concretarla.

        Decidió visitar a Gunter Hassel, su mano derecha en el Proyecto Astro. Gunter tenía el despacho dos plantas debajo del suyo. Tardó unos diez minutos en llegar. Se detuvo varias veces para mirar por los grandes ventanales del edificio como se iban acelerando lo preparativos para el siguiente lanzamiento.

        Cuando llegó al despacho de Gunter, entró tras llamar a la puerta con un par de golpes con los nudillos y sin esperar respuesta. Como había hecho siempre.

—Hola Gunter, tengo que hablar contigo de una idea que me está rondando la cabeza.

        Gunter se sobresaltó con la brusca entrada de Eric. No esperaba ser interrumpido, estaba manipulando un pequeño objeto sobre la mesa. Lo guardó de forma apresurada en un cajón de su escritorio que ya estaba abierto y lo cerró antes de que Eric pudiera darse cuenta de lo que había pasado.

—Hola Eric —murmuró.

—Disculpa la interrupción, pero tu secretaria no está. Si quieres vuelvo más tarde.

        Gunter se sonrojó y señaló una silla a Eric.

—¿Qué estabas haciendo? —preguntó Eric, señalando el cajón que acaba de cerrar.

—Nada —tartamudeó—. Es un juguete de Hanna, mi hija. Estaba mirando de arreglárselo. No funciona correctamente.

—Avisa a alguien de mantenimiento, si quieres. Solo tienes que rellenar el formulario adecuado para los trabajos personales.

        Ambos rieron de la broma de Eric. Todos los gastos estaban minuciosamente registrados en la contabilidad del proyecto, incluidas todas las horas de trabajo de los empleados.

—¿Qué idea te está rondando por la cabeza, Eric?

—¿Cuál es el margen de seguridad de las baterías de la sonda?

—Según nuestros cálculos, el cuarenta por ciento de la capacidad de la batería es la reserva de seguridad. El salto de ida consume el treinta por ciento, y el de regreso, creemos que también. De hecho, al no regresar la sonda, hemos ido aumentado la capacidad de la batería por si acaso.

—Creo que la sonda lleva demasiada carga.

—¿Demasiada?

—Sí. Creo que lleva demasiada carga y por eso no regresa. No se explicar cómo puede suceder esto, pero creo que la cantidad de carga restante en las baterías es un parámetro crítico para el viaje de regreso. Tengo una intuición que no sé cómo definir.

        Gunter se quedó mirando la pantalla de su consola y tecleó varias veces, consultando diferentes datos. Asintió varias veces cuando lo que leía le gustaba.

—¿Qué opinas, Gunter?

—No lo sé. La verdad es que estamos a ciegas. No tenemos ni idea de porque no regresa la sonda. Podemos probar —Gunter acabó la frase con una tímida sonrisa encogiendo de hombros.

—Decidido —dijo enérgicamente Eric—. Encárgate de que la sonda tenga la carga justa para el viaje de ida y el de vuelta.

—Tendremos que hacer muchos de cálculos para ajustar la carga de las baterías.

—Pon a todo el departamento a trabajar en esto. No quiero que se retrase el lanzamiento por esto.

        Eric se levantó de la silla y salió. Se dirigió hacía su despacho. En momentos como estos, le gustaría poder hablar con el doctor Wankel. No podía, el doctor Wankel había muerto dos años atrás, en un accidente supervisando la puesta en marcha de la primera sonda. Desde entonces, Eric estaba al mando del Proyecto Astro. Era una responsabilidad que lo abrumaba, él se encontraba más cómodo trabajando en un segundo plano, con un superior que se encargara de todas las responsabilidades asociadas a la gestión de un gran proyecto.

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        Eric estaba mirando la gran pantalla que mostraba la cuenta atrás. Las semanas previas habían sido agotadoras. Según se acercaba la fecha del lanzamiento, se habían multiplicado las llamadas desde el ministerio, primero preguntando sobre la marcha del proyecto y más tarde, presionando y haciendo veladas amenazas sobre las consecuencias de un nuevo fracaso.

        Faltaban todavía tres minutos para la puesta en marcha de la sonda. No habían puesto nombre a las sondas, simplemente era la “Sonda V”. Gunter Hassel se acercó a Eric y le dio una palmada en el hombro a modo de saludo.

—Tres minutos —anunció, señalando la gran pantalla mientras encendía un cigarrillo y le ofrecía la caja a Eric—. Se me están haciendo eternos.

        Eric rechazó el cigarrillo y volvió a consultar, una vez más, la telemetría de todos los instrumentos. Los había repasado hacía dos minutos. Tal y como era de esperar todos los datos seguían igual. No había ninguna luz roja que pudiera hacer detener la prueba.

—Dos minutos.

        La monótona voz de la megafonía anunció lo que todos podían ver en la pantalla. Había unas cincuenta personas en la sala de control. Sabía que las imágenes se estaban retransmitiendo a los más altos dirigentes del país.

—¿Por qué crees que la carga de la batería es un parámetro crítico en el retorno de la sonda? —preguntó de repente Gunter.

—¿Qué? —se sorprendió Eric. No esperaba esa pregunta en ese momento.

—Un minuto —anunció la voz por megafonía.

—No lo sé. Es una intuición que está rondando por mi cabeza desde hace semanas. Si la sonda consigue regresar, tendremos algo en lo que pensar.

—Treinta segundos —anunció la voz por megafonía. El murmullo general que había en la sala fue decreciendo poco a poco conforme avanzaba la cuenta atrás.

—Diez… nueve… ocho… siete… seis… cinco. Motores al ochenta por ciento. Cuatro… tres… dos. Motores a máxima potencia. Uno… lanzamiento.

        Como las veces anteriores, la sonda, que estaba en la cima de una gran estructura metálica, levitó unos metros por encima de la base donde reposaba y desapareció.

        En la sala sonaron tímidos aplausos. No era la primera vez que conseguían hacer desaparecer la sonda. Ahora faltaba comprobar si regresaba.

—Tres minutos para el aterrizaje —anunció una vez más la monótona voz por megafonía.

        Todos los ojos de la sala de control estaban pendientes de la gran pantalla de televisión que mostraba la base sobre la que debía volver la sonda.

—Dos minutos.

—La espera se me está haciendo interminable —bromeó Gunter encendiendo otro cigarrillo.

—Un minuto.

        Un tenso silencio se fue adueñando de la sala. Eran conscientes de los fracasos anteriores y empezaban a correr rumores sobre la imposibilidad de llevar a cabo con éxito un experimento como aquel.

—Treinta segundos.

        Eric observó a su alrededor. Los rostros de todo el personal mostraban los signos del cansancio acumulado en las semanas anteriores. Todos tenían un atisbo de esperanza en el éxito de aquel proyecto. Reconoció caras que llevaban desde el principio del proyecto. Miró a Gunter Hassel, llevaba tres años como su ayudante, desde que accedió a la dirección del proyecto tras la muerte del profesor Wankel. Jugueteaba con un bolígrafo mientras observaba el cronómetro que presidia la sala de control. Tenía una rara expresión en su rostro, tal vez mezcla de aburrimiento y de cansancio.

—Diez segundos para el regreso de la sonda.

        Todo el personal quedo en silencio. Solo se escuchaba el leve murmullo electrónico de los ordenadores.

—Cinco… cuatro… tres… dos… uno… —el silencio se hizo aún más intenso.

        Una luz empezó a brillar donde había estado la sonda tres minutos antes. Fue haciéndose más intensa y creciendo lentamente. Pequeños rayos de electricidad estática fluían desde el centro de la luz al suelo. Murmullos de excitación empezaron a oírse en la sala. Era la primera vez que ocurría algo parecido.

        Eric se levantó de su silla y señaló la pantalla agarrando a Gunter por el hombro. La luz fue creciendo hasta ocupar todo el espacio en la estructura de lanzamiento. De repente, la luz desapareció y la sonda ocupaba el mismo lugar que había ocupado tres minutos antes.

        Todo el personal empezó a gritar de alegría. Se abrazaban y se felicitaban mutuamente. Eric empezó a estrechar manos y recibir palmadas felicitando por el éxito de la misión.

—La Sonda V ha regresado con éxito —anunció la voz por megafonía, sin perder su tono monótono.

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